Miguel blanco ganó el premio a Liderazgo Corporativo

05-12-2014

"Es un honor recibir este premio al Liderazgo Corporativo en las Comunicaciones que otorga una entidad tan reconocida como es el Consejo Profesional de Relaciones Públicas".



Palabras de Miguel Blanco:

 

Es un reconocimiento muy importante no sólo a nivel personal sino para todos los hombres y mujeres de las organizaciones a las que represento que también han demostrado vocación y convicción sobre la importancia de la comunicación en la vida de las empresas.

 

A través de la comunicación, el empresariado va construyendo parte de su imagen. Una idea o acción concreta puede ser genial, pero si no se la sabe comunicar, o se elijen los ejes erróneos para dar a conocer la iniciativa, se pierde potencial e impacto y hasta puede ser un bumerang que afecte negativamente a la empresa.

 

Si por un instante, nos imagináramos una empresa a la que no se le conocen la filosofía, la visión, las acciones, los valores y los compromisos. No sólo estaríamos negando su propia existencia, sino también la posibilidad de mostrar a la opinión pública el rol que cumple el empresariado en la economía y en la sociedad.

 

Durante mucho tiempo el empresariado se caracterizó por tener un silencio corporativo, las comunicaciones con la opinión pública se encaraban desde la individualidad de la empresa. Hoy la coyuntura nos enseña la importancia de trabajar juntos en la búsqueda de un mensaje común, respetando las individualidades, para que la sociedad en su conjunto entienda el rol social del empresariado, como empleador, como motor de la economía, como agente de cambio.

 

Trabajar juntos es la mejor forma de contrar restar los intentos, deliberadamente intencionados, de fragmentar, desprestigiar y estigmatizar, a un actor social como el empresariado, que legítimamente tiene el derecho a expresarse, opinar y ser escuchado en el diálogo intersectorial y demócrático que toda república plantea.

 

¿Por qué durante muchos años el empresariado tuvo “mala prensa”? Quizas por el silencio y la desinformación. Este ha sido el denominador común que impulsó este proceso y, consecuentemente, se ha instalado en la sociedad una imagen y un preconcepto negativo sobre el rol del empresario.

 

El empresariado, en su gran mayoría, muchas veces ha optado por el silencio, ya sea por temor al escarmiento público, a las persecuciones políticas, o cualquier otra razón, pero siempre en resguardo de sus empresas, del personal y los accionistas.

 

Debemos tener en cuenta que la humanidad transita los primeros tiempos de una nueva era, que ya se la identifica como la era de la información y de la comunicación. Una nueva revolución tecnológica que tiene su epicentro en Internet. Un tiempo único que nos indica que ya no hay lugar para esconderse, que todo se va conociendo y todos, desde distintos lugares, nos transformamos en actores esenciales de la generación y consumo de información. Entonces, ¿vale en este nuevo escenario seguir manteniendo desde el campo empresario como un dogma inmodificable la idea del bajo perfil, de creer que los negocios van mejor si no hay exposición pública, o de que todo flujo de información puede ser controlado? Definitivamente no.

 

Formamos parte de una sociedad que nos exige saber qué hacemos y cómo lo hacemos. Debemos tener en claro esto para poder transmitir y compartir la información. El saber se ha convertido en un derecho que todos los sectores de la comunidad debemos hacer valer.

 

Ser responsables como empresarios no es sólo tener un plan de responsabilidad social, es también ser transparentes. Es saber construir vínculos con la gente, y esto se hace hablando, dialogando, comunicando y, esencialmente, sabiendo escuchar. Y esto es positivo que ocurra. Los argentinos tenemos que volver a construir consensos a partir del disenso. Y para ello la comunicación empresaria, profesional y responsable, debe convertirse en un instrumento facilitador de este proceso de madurez cívica, democrática y unidad que todos anhelamos.

 

La Argentina parece comenzar ahora a transitar una nueva etapa en la que es posible escuchar voces disonantes que reclaman por un clima menos hostil y de convivencia democrática. Esta actitud fue palpable en recientes encuentros empresariales. Espero seguir contribuyendo a este proceso desde la posición en la cuál mis colegas empresarios me han colocado o en las que me toque asumir en el futuro.

 

Muchas gracias.

 

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